Una guerra nada aleatoria

¿Te imaginas ir al Museo del Prado para ver Las meninas y que la mitad del cuadro estuviera tapado? ¿Podría ser posible que solo vieses a Margarita de Austria? ¿Te gustaría ir al Reina Sofía y que solo te mostrasen una esquinita del Guernica? ¿Visitar el Louvre y que solo pudieses ver la cautivadora boca de la Monna Lisa? Pues lo mismo con la música.

Esta semana, con motivo del lanzamiento de 30, uno de los discos más esperados del año (por no decir de la década), hemos podido leer en la prensa, y en las redes sociales, todo tipo de comentarios: “La culpa es de Adele“, “Adele gana la guerra”, “Adele contra el modo aleatorio”…

¿Qué ha pasado con el lanzamiento del nuevo trabajo discográfico de Adele? Pues que la británica, harta de que la gente despiece su arte como le viene en gana, ha pedido a Spotify que en su disco desactiven la posibilidad de escuchar las canciones en modo aleatorio. Y ha hecho santamente.

Los álbumes tienen un recorrido, un mensaje, una evolución y un sentido
para ser escuchados

Cuando un artista concibe su disco, es como cuando un pintor crea su obra de arte: los álbumes tienen un recorrido, un mensaje, una evolución y un sentido para ser escuchados. Discos conceptuales como El mal querer de Rosalía, son obras de arte que van más allá del mero gusto de escuchar una canción suelta, y lo mismo ocurre con 30 de Adele.

Hasta ahora, Spotify priorizaba el modo aleatorio en sus escuchas y esto no tiene ningún sentido en discos como estos en los que el orden de las canciones tiene su motivo. ¿Te imaginas leer un libro con los capítulos en modo aleatorio? Pues eso.

Aunque esta medida ha sido muy criticada y pese a que, como es normal, a mí también me gustan más unas canciones que otras, creo que, en un mundo de consumo rápido y de un single a la semana, los amantes de la música debemos escuchar a nuestros artistas un poco más allá de sus canciones

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