Los españoles que están a las puertas de cumplir el sueño de ser astronautas: “Llevo preparándome de forma inconsciente toda la vida”

Traspasar las fronteras de la Tierra para contemplar la vastedad del cosmos y convertir la conquista del universo en una realidad. De entre los más de 100.000 millones de personas que han poblado la Tierra desde los albores de la humanidad, menos de 600 han tenido el privilegio de vivir algo así después del viaje de Yuri Gagarin. Ahora, a engrosar esta selecta lista aspiran Carla Martín y Jorge Pla-García, dos de los candidatos españoles a astronautas en la última convocatoria de la Agencia Espacial Europea (ESA), la primera en 13 años.

Cuando el pasado febrero la agencia anunció que reclutaría entre cuatro y seis nuevos cosmonautas y crearía una bolsa de reserva de 20 personas, ni Martín ni Pla-García tuvieron dudas en postularse. Los requisitos los cumplían sobradamente: un máster en ciencias y una experiencia mínima de tres años en el campo, además de dominio del inglés y de otra lengua extranjera. 

Unos meses después de presentar su candidatura, a través de un currículum, una carta de motivación y un informe médico, recibieron la gran noticia. Habían pasado el corte inicial, una primera fase de selección en la que la ESA redujo el número de aspirantes de casi 22.589 a una cifra indefinida entre 1.000 y 1.500. Así, ambos comenzaron su camino hacia la materialización de un sueño con la esperanza de seguir avanzando en el proceso.

Un sueño de infancia

“Ser científica exploradora”. En la Antártida, en la selva amazónica o, quién sabe, en la superficie lunar. Esa era la respuesta que Martín daba, cuando era apenas una niña, cada vez que alguien le preguntaba qué quería ser de mayor. Este anhelo la llevó a convertirse en geóloga y geofísica con un doctorado en mecánica de rocas. “Ya en la carrera, empecé a soñar con lo chulo que sería desempeñar mi trabajo en el espacio. Todo esto lo tienes en tu cabeza, pero sigues con los pies en la Tierra”, reconoce.

Carla Martín, en una visita a una central nuclear.
Carla Martín, en una visita a una central nuclear.
CEDIDA

Leer, ver documentales, conversar sobre la exploración del universo, seguir la actividad de la agencia espacial estadounidense… Todos estos detalles alimentaron durante años el anhelo de convertir en su forma de vida el cosmos, que hasta ahora había sido un “hobby”. “Me ha apasionado siempre. Cuando la NASA ofreció la posibilidad de enviar tu nombre a Marte, yo no vacilé; aunque en mi casa me llamen friki“, apunta, “muy feliz” con la experiencia.

“Ya en la carrera, empecé a soñar con lo chulo que sería desempeñar mi trabajo en el espacio. Lo tienes en tu cabeza, pero sigues con los pies en la Tierra”

La misma ilusión por estudiar el firmamento en primera persona mostraba Pla-García durante su infancia, una afición inculcada por su padre mediante películas de ‘La guerra de las galaxias’, documentales y libros de Carl Sagan. “A medida que te haces mayor, ves que es una probabilidad absolutamente baja, casi despreciable. No obstante, decidí dedicarme a la investigación espacial, sin tirar la toalla“, señala este ingeniero informático con un doctorado en Astrofísica y miembro de la misión Perseverance de la NASA.

“Cuando preparaba la carta de motivación y el currículum en la primera fase, me di cuenta que, en realidad, llevo preparándome de forma inconsciente para esto toda la vida: manteniendo una vida sana, el peso, el estado de forma, no fumando, no bebiendo, estudiando un montón de másteres en ciencia, trabajando en misiones espaciales… Todo con este objetivo”, incide, con la “intuición” de que, “tal vez”, pueda pasar.

Jorge Pla, investigador en ciencias planetarias en el INTA-CSI y miembro de Perseverance.
Jorge Pla, investigador en ciencias planetarias en el INTA-CSI y miembro de Perseverance.
CEDIDA

Capacidades físicas y psicológicas, al límite

Tras toda una vida persiguiendo ese sueño y después de haber sido rechazado en la convocatoria de 2008, Pla-García no daba crédito cuando recibió el sí de la ESA. “Nos lo notificaron por correo electrónico y no me lo creía, pensaba que era spamMe puse a llorar como un niño pequeño, como no he llorado en mi vida, no podía parar. Era de pura emoción, era un sueño cumplido pasar de la fase uno a la dos”, confiesa.

“Cuando me lo notificaron, me puse a llorar como un niño pequeño, como no he llorado en mi vida, no podía parar. Era un sueño cumplido”

Después de superar el primer corte, ambos han afrontado ya la segunda etapa, que se han desarrollado en Hamburgo en sesiones de entre 30 y 40 candidatos. Allí se han encontrado con pruebas psicotécnicas para evaluar su atención, su memoria, su concentración y su capacidad de retención, además de pruebas para esbozar su perfil psicológico. “Eran muchísimos test durante un montón de horas, de las ocho de la mañana a las seis de la tarde, sin parar. Buscan que a última hora, aunque estés hecho polvo, sigas rindiendo”, relata.

Sin que la Agencia Espacial Europea haya aclarado cuántos participantes continúan en el proceso tras esta etapa, queda por delante una tercera, en Colonia, en la que deberán afrontar previsiblemente pruebas físicas, detalla el ingeniero. Allí es posible que se enfrenten también a nuevos test psicotécnicos y a dinámicas de trabajo en equipo, abunda la geóloga y geofísica. “Después, cuando ya quedarán muy poquitos, la cuarta fase será un reconocimiento médico; la quinta, una entrevista con un tribunal de la ESA, y la sexta, una entrevista con el director general”, añade.

Una preparación constante

Para afrontar estas pruebas con las mayores garantías, no han dejado de prepararse. En concreto, para la fase dos, la propia ESA les proporcionó un kit de test para que practicasen. “Para las pruebas cognitivas, te envían una muestra del tipo de test que vas a hacer y te dan tres semanas para estudiar. Luego, algunos ejercicios eran iguales y otros no”, narra Martín. 

Botón rojo o botón verde, esa era la clave de una de las pruebas del examen. Consistía, ahonda Pla-García, en una máquina que pronunciaba números aleatorios, ante la que el aspirante debía presionar un pulsador rojo cada vez que escuchaba tres impares seguidos. Si eran tres pares, tenía que apretar el verde. El aspirante había de hacer todo esto mientras llevaba a cabo otra tarea compleja. Para prepararla, el ingeniero recurrió a su madre: “Cuando iba en bici a llevar a mi hija al cole y de ahí al trabajo, la llamaba. Ella tenía lista la serie y yo iba respondiendo”. 

No obstante, no han descuidado el entrenamiento físico. Para rendir al máximo en futuras pruebas, la geóloga y geofísica se confiesa “bastante activa” y se ejercita en el gimnasio, donde prefiere las rutinas de alta intensidad (HIIT), juega al squash y frecuenta el rocódromo. Por su parte, el informático aprovecha los trayectos para montar en bici y, como exjugador semiprofesional de waterpolo, trata de mantener un nivel mínimo de natación. 

“Los españoles hemos hecho piña. Todos tuvimos la sensación de querer tener un español en el espacio, fuera quién fuera”

Compartir todas estas vivencias en las sesiones de exámenes y en la preparación ha permitido que los distintos candidatos formen un verdadera “piña”. “Es difícil de explicar, pero hay algo que sentimos todos: el altruismo, la falta de egoísmo. Todos tuvimos la sensación de querer tener un español en el espacio, independientemente de quién fuera“, destaca Pla-García.

Objetivo: la Luna

Superado el asombro inicial de verse entre el 5% de los aspirantes que progresaron a la segunda fase, Martín ha intentado encontrar información acerca del proceso selectivo. Sin embargo, es bastante “opaco” y los datos son escasos, por lo que trata de ser “paciente”: “Hay días en que lo llevo bien y otros me da por buscar, pero intento estar tranquila”. 

Ni siquiera sobre el perfil ideal de los futuros contratados, la ESA ha afinado mucho. Con el objetivo de estudiar el efecto de la microgravedad en el cuerpo humano, resalta la geofísica, la agencia ha ampliado el rango de edad hasta los 50 años, busca hombres y mujeres procedentes de distintas profesiones e incluirá un ‘parastronauta’ -un profesional con diversidad funcional motora-. “Una persona muy subordinada, capaz de acatar órdenes y con facilidad para trabajar en equipo”, sugiere Pla-García como características de los escogidos.

Una vez terminada la selección, los elegidos pasarán a engrosar el cuerpo de astronautas de la ESA, donde se formarán antes de integrar las misiones de la agencia. Entre sus tareas, el informático estima que viajarán a la Estación Espacial Internacional e incluso volarán a una nueva versión desarrollada en los próximos años, en órbita en torno a la Luna. Precisamente el satélite de la Tierra es otro de los destinos que podrían pisar a medio plazo, mientras que descarta que puedan llegar a Marte, algo que ocurrirá “más tarde”.

“En algún lugar, algo increíble espera ser descubierto”, decía el astrofísico Carl Sagan ante la inmensidad del firmamento. Ahora, ambos aspirantes confían en cumplir su sueño y contribuir a desentrañar los misterios a los que se refería el científico estadounidense.

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