El lapsus de Loles León en 'Tu cara me suena' y lo que dice de la tele de hoy

En la entrevista previa a su imitación en Tu cara me suena, justo antes de meterse en el clonador donde se transformará en Rocío Dúrcal, Loles León dice a Manel Fuentes: “Verás que bien peinada voy mañana“. El presentador, irónico, responde: “¿Cómo que mañana? Será ahora mismo, que vas a actuar ya. Ay, Loles“. Lydia Bosch se ríe. Y mucho.

El lapsus de Loles León deja a la luz el truco del programa: las entrevistas previas a cada actuación de Tu cara me suena se graban el día antes al rodaje de la gala propiamente dicha. En otra época televisiva, este renuncio de León hubiera sido eliminado del montaje final del talent para no romper la magia televisiva. Pero ahora se deja, tal cual, pues la espontaneidad del desliz representa más a la naturalidad que sustenta el éxito de este show que mantener la incógnita de cómo es el proceso de grabación. Total, todo el mundo sabe que el clonador no clona. O debería saberlo. Sólo es un ascensor para crear una imaginativa e icónica elipsis que da personalidad al espectáculo.

En eso sí que ha cambiado la pantalla. Es menos protocolaria que antaño. Los grandes creadores de programas han interiorizado que el espectador aplaude cuando se hace partícipe de los entresijos y la preparación del espectáculo. También lo propicia Broncano en La Resistencia. Da igual conectar con Jorge Ponce en una madrileña Gran Vía en la que aún es de día aunque el late night se emita a las doce de la noche. No ocultan que es grabado. Incluso lo juegan a su favor como gag.

Que la realidad no limite el crecimiento de un formato televisivo, a pesar de que contenga una estructura muy marcada. La habilidad también está en saber adaptar las dinámicas narrativas a las necesidades (y espontaneidades) de cada momento, ya sea a nivel patente o latente.

Memorables son las ingeniosas indirectas de Jesús Vázquez como presentador de ‘Allá tú’ al soltar con retranca al público en plató: “tenéis cara de dormidos, animaos, ni que fueran las ocho de la mañana”. En emisión, la broma interna quizá no se comprendía por toda la audiencia pero sí despertaba la sonrisa de muchos. En efecto, la grabación estaba siendo realmente a las ocho de la mañana. Y bromaba con ello. Parecido sucedía si llevaban varios programas grabados en el mismo día y ya el personal estaba cansado. Entonces, decía con guasa: “ni que este fuera el cuarto programa que llevamos grabado en el día”. Jugaba con vicisitudes ajenas al espectador y las incorporaba a las presentaciones generando un vínculo de especial complicidad. 

Pero ahora ya estas picardías no se quedan escondidas entre líneas. El público conoce la elaboración que hay detrás de los programas y celebra que las tomas falsas ya ni siquiera se corten: directamente queden ahí como si el espectáculo fuera en directo. Así se puede ver a Loles León en plenitud, así la audiencia se implica más con el show. Porque el programa comparte con confianza lo que pasa creyendo en la inteligencia de la audiencia, no tutelando a la audiencia.

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