Deterioro de relaciones, pérdida de hábitos saludables, adicción… Posibles efectos del metaverso para la salud

Dicen que supondrá una revolución tecnológica a la altura de la que trajeron los primeros teléfonos inteligentes. El próximo 1 de diciembre Facebook se transformará en Meta y con este cambio de nombre, la compañía visibiliza su nuevo proyecto de convertirse en un metaverso. ¿Pero que es un metaverso? A grandes rasgos, el metaverso consiste en un mundo virtual al que se accederá mediante un visor de realidad virtual. Posiblemente, este ‘acceso’ se realizará a través de avatares en 3D y conectará distintos entornos digitales.

Mark Zuckerberg, creador de Facebook, lo define como una nueva plataforma virtual no para mirar una pantalla sino para estar dentro: “Hablamos de un Internet corpóreo: en lugar de mirar una pantalla, estaremos ‘dentro’. Será más natural y vívido: las pantallas no pueden conectar la experiencia humana completa, no pueden brindar la idea de la presencia. Con esta nueva tecnología sí se podrá: de eso se trata el metaverso”, ha explicado.

Esta réplica del mundo real en el mundo virtual está pensada para reproducir muchas de las dinámicas sociales de nuestro día a día: se podrán hacer reuniones de trabajo, viajar, practicar deporte, tener relaciones sociales… Sin embargo, los expertos alertan ya de los posibles peligros que podría entrañar para la salud mental.

Uno de ellos es la psicóloga Gabriela Paoli, experta en tratamiento de adicciones tecnológicas y autora del libro Salud digital: claves para un uso saludable de la tecnología (2021), quien afirma que el nuevo proyecto de Zuckerberg se puede convertir en una ‘cárcel emocional’ puesto que supone un gran salto hacia la hiperconectividad en donde hay, según la psicóloga, graves riesgos para la salud física y mental. “Dejaremos de estar pasivos a interactuar con nuestros dispositivos, lo que hace al mundo virtual aún más potencialmente adictivo”, afirma la especialista.

¿Qué consecuencias puede traer el metaverso a nivel psicológico y emocional? La experta habla de cuatro graves consecuencias para la salud digital y la estabilidad mental. La primera de ellas sería la adicción: “un mundo virtual que nos haga sentir que estamos viviendo una realidad paralela es por definición altamente adictivo”. Paoli considera que esta adicción probablemente sea mayor que la que producen los videojuegos: “Una realidad ideal, que haga creer al cerebro que está viviendo situaciones reales y satisfactorias, hace que el cerebro segregue hormonas como dopamina. Por tanto, nuestro cerebro siempre querrá más”, analiza Paoli.

La psicóloga señala que en casos más extremos podría provocar episodios psicóticos, que pueden ocurrir cuando se juega excesivamente, con frecuencia combinado con la falta de sueño, y que terminan por desdibujar la línea entre lo real y lo que es fantasía. Actualmente para China el IAD – Trastorno de Adicción a Internet- representa la crisis de salud número uno que ya afecta a más de 20 millones de jóvenes.

Otro de los grandes peligros de esta nueva realidad virtual sería el deterioro de la comunicación y las relaciones sociales. “Los seres humanos necesitamos el contacto físico, si algo ha demostrado el coronavirus y el aislamiento es que las consecuencias son terribles para las personas”, explica. 

La experta considera que un universo virtual nos hará sentir más aislados que nunca, perder la empatía y deteriorar, en general, las habilidades socio-emocionales. “Sin personas reales a las que abrazar, tocar, mirar a los ojos, la depresión, la ansiedad y otras enfermedades o trastornos, aumentarán considerablemente”, añade.

La tercera consecuencia pasa por la pérdida de hábitos saludables. Además de repercutir en el sueño y la alimentación de las personas, éstas corren el peligro de volverse aún más sedentarias ya que podrán vivir y realizar todas las actividades que conforman la vida desde casa. “Al igual que hemos dicho que para conservar nuestra salud mental necesitamos la sociabilidad real, también necesitamos el aire libre, la luz del sol, la naturaleza”.

Por último, la experta también advierte que se verá afectada la intimidad, seguridad y privacidad. “Nuestras vidas reales se volverán virtuales, con la consiguiente adquisición de nuestros datos personales, bancarios, geolocalización… ya que para su creación abría que incrementar las cámaras y sensores que existen en el mundo real” analiza Paoli.

La psicóloga se hace eco del planteamiento de Markus Cartel, profesor de cultura digital de la Universidad de Sidney, quien afirma que las tecnologías del metaverso, como la realidad virtual y la realidad aumentada son quizás los sensores digitales con más capacidad de extraer datos que tendremos en nuestros hogares en las próximas décadas. Paoli concluye que el gran desafío para los próximos años está en “que la conexión digital no conlleve la desconexión emocional”.

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