La generación que soñó una fama que ya no existe

“Soy una mujer que ahora mismo quiero que me defina mi trabajo. No con quien estoy y lo digo porque sé que es complicado, sobre todo si estás empezando una relación con Antonio David Flores. Sé quien es Antonio David Flores y sé que va a ser muy complicado. Pero os pido por favor que me dejéis intentarlo. No quiero ir a un reality. No quiero conceder una entrevista sobre mi vida privada. Nunca lo he hecho. Nunca lo voy a hacer. Jamás, nunca, he comercializado con nada que tenga que ver con mi vida privada” dice Marta Riesco en El Programa de Ana Rosa. ¿Quién es? Una redactora-reportera, en la productora de Ana Rosa Quintana. Y dice que no va a hablar sobre su vida privada, mientras realiza un discurso sobre su vida privada desde su trabajo público en el programa de mayor audiencia de las mañanas de la televisión. En efecto, somos seres contradictorios.

En tal predicamento, también recalca que nunca ha comercializado con su vida privada. Como si fuera un personaje con el interés mediático suficiente para comercializar con su vida privada. Sólo es una redactora de un programa de televisión. Ni debería plantearse ella misma tal duda. Nadie ha querido comercializar con su vida privada… hasta ahora, que ella misma protagoniza minutos del magacín en el que trabaja. Y lo hace mirando a cámara, como si fuera la presentadora. Otra contrariedad. De nuevo, somos seres contradictorios.

Cuando Belén Esteban alcanzó la popularidad por su relación con Jesulín de Ubrique rehuía las entrevistas y decía frases como estas. La diferencia es que ella, ingenua, se las creía, pero luego conoció la televisión y se quedó enganchada a los focos. Porque la tele engancha. Hasta a los más tímidos. 

Al principio, el éxito de Esteban llegó porque tenía ese punto identificable en el ojo de la audiencia: una chica de barrio con una historia en la que sentirse reconocida. Una mujer de la calle que fue dejada con una niña en brazos. Pero, después, en los platós, Belén Esteban demostró una espontaneidad genuina, capaz de crear un lenguaje propio en directo. No repetía frases de otros, inventaba proclamas que se han quedado en el imaginario colectivo. En cierto sentido, es la fuerza de la inconsciencia que atesoraba Esteban. La fuerza de no acudir a la tele con ninguna teórica táctica preconcebida sobre los medios. 

“Excusatio non petita, accusatio manifesta”

Marta Riesco ha crecido viendo a Belén Esteban y otros personajes de los dimes y diretes de Mediaset. Ahora, reproduce en sus parlamentos clichés que se sabe de memoria de esos famosos. Probablemente porque se empieza a sentir famosa. Pero, a diferencia de la forma en la que cosechó la popularidad Belén Esteban, la fama no le ha llegado de manera casual. De ahí que, por ejemplo, Riesco se haya presentado a Miss, haya acudido a una preselección de Eurovisión y, por supuesto, pose frente a los fotógrafos de todos los photocalls de eventos donde no posan otros redactores. No quiere ser anónima. Y no es malo que no quiera ser anónima. 

Pero la redactora da explicaciones. No vaya a defraudar a su canal. Aunque lo haga replicando frases folclóricas de otros. “No voy a comercializar nunca con mi vida privada”, dice. “No quiero ir a un reality”, añade. Como si fuera negativo acudir a un reality, sustento de la programación del propio Mediaset. Se está sintiendo parte de esas estrellas de cartón piedra con las que creció y que repetían tales cosas. Por eso mismo, seguramente termine en un reality. ‘Excusatio non petita, accusatio manifesta’, que recalcaban los famosos de antes. Pero lo decían famosos más antiguos que los de Telecinco de hoy, claro. Porque la fama cambia más rápido de lo que parece y no triunfan los que imitan, calan los que relativizan. Los que naturalizan lo que les pasa, los que no tienen que soltar soflamas para sentirse parte de una fama de frase prefabricada. Parlamentos con ese punto de superioridad moral que ya son pasado, que no son identificables, que son impostados. Parlamentos que suenan a sueño cumplido porque clonan lo de otros sin atisbo de autenticidad propia.  Telecinco lo premiará, pero ahí también estriba su actual debilitamiento de liderazgo: no entender que la celebridad que atrapa poco tiene que ver con aspirante a colaborador polémico.

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